Texto publicado en el catálogo de la I Bienal Climática. Ensayar lo inesperado
12.06.2026 - 20.09.2026
Avilés (Asturias)
Una bolsa de plástico atrapada en las ramas de un árbol, suspendida como un paracaídas. De esta imagen aparentemente trivial parte gran parte del trabajo de Natalia Domínguez (Jerez de la Frontera, 1990): la pregunta por el aire como materia, como espacio político, como medio que nos envuelve y sin embargo escapa sistemáticamente a la percepción. Articulada a través de la escultura, la instalación y la performance, construye dispositivos para hacer sensible aquello que, aun sosteniendo la vida urbana, permanece fuera del campo inmediato de atención.
Formada en Bellas Artes por la Universidad de Granada, con estudios en Fontys Hogeschool voor de Kunsten (Tilburg, Países Bajos) y un Máster en Investigación y Producción Artística por la Universidad Politécnica de Valencia, Domínguez inicia su trayectoria desde un interés por la ciudad entendida no solo como espacio físico, sino como entramado de relaciones entre arquitectura, urbanismo e infraestructuras invisibles. Su mirada se orienta hacia la manera en que los cuerpos habitan y son atravesados por estos sistemas, prestando atención a aquello que escapa a una percepción directa.
A partir de la observación urbana y la imagen de la bolsa, la artista inicia una indagación de largo recorrido en torno a las "políticas del aire", articulada a través de la metáfora del salto, la caída y el instante previo en el que el aliento se contiene. El aire que investiga Domínguez no es un elemento neutro: es un medio atravesado por relaciones de poder, condiciones ambientales y desigualdades sociales. La respiración aparece así como un espacio de intercambio constante entre el cuerpo y la atmósfera, pero también como indicador de las condiciones que hacen posible o limitan la vida. Desde entonces, su práctica ha evolucionado hacia una mayor integración de lo performativo con lo escultórico, desarrollando instalaciones en las que el gesto, especialmente el vinculado a la respiración, la suspensión o la pérdida de equilibrio, funciona como dispositivo que conecta dimensiones físicas y simbólicas.
Para la Bienal Climática y en el marco de las residencias ACTS en colaboración con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), Natalia Domínguez presenta Atravesar la niebla (I, II) (2026), una investigación escultórica en torno al vapor de agua y sus distintos usos a lo largo de la historia. El proyecto parte de la investigación que la artista llevó a cabo en el Centro de Investigación Atmosférico de Izaña de la AEMET, en Tenerife, y se articula a partir de una doble genealogía. Por un lado, recupera el mito del Garoé, un árbol situado en la isla de El Hierro capaz de captar la humedad de las nubes y transformarla en agua, en relación con tecnologías como los "atrapanubes", desarrolladas en contextos de alta humedad y escasez hídrica. Por otro, remite a infraestructuras industriales para la canalización del vapor de agua. De algún modo, la obra refiere también a la invención de la máquina de vapor como uno de los hitos fundamentales de la revolución industrial, momento en el que la generación controlada de vapor se consolida como una innovación clave que impulsa un modelo de producción basado en el extractivismo y la transformación masiva de materia en bienes cuantificables.
Formalmente, la instalación articula tres elementos principales: lo industrial, lo orgánico y lo corporal. Las estructuras tubulares de hierro y acero, de gran escala, remiten a chimeneas y sistemas de canalización de vapor, haciendo visibles los flujos y emisiones que atraviesan la atmósfera. En contraste, una serie de formas cerámicas inspiradas en la vegetación de la laurisilva canaria introducen una dimensión orgánica que oscila entre lo vegetal y lo animal. La pieza se activa además en relación con el cuerpo, incorporando dimensiones performativas y atmosféricas como el aliento o la humedad ambiental. La laurisilva canaria, un ecosistema que genera condiciones específicas de humedad para sostener formas de vida particulares, aparece en la obra como contrapunto de los sistemas industriales: tanto los procesos naturales de condensación como sus equivalentes técnicos producen entornos, modifican atmósferas, condicionan lo que puede vivir y lo que no. Este diálogo material —entre hierro y cerámica, entre chimenea y vegetación— no plantea una equivalencia, sino una pregunta: ¿qué narrativas sobre la relación entre tecnología, medioambiente y sociedad han quedado sin formular? Atravesar la niebla abre ese espacio.
Un antecedente directo de esta línea de investigación es Cómo se condensa el vapor de agua (2024), donde la artista trabaja desde la voz y la imaginación colectiva para explorar los procesos industriales de transformación del agua. El proyecto parte de una serie de conversaciones en los que invitaba a distintas personas a imaginar cómo sonaría el trasvase de agua dentro de un complejo de una central hidráulica de ENDESA, generando una traducción sonora que desplazaba lo técnico hacia lo perceptivo y corporal. “Encender una luz es conectarme con las sales vaporizadas del Mediterráneo”, señalaba la artista, remitiendo así a la continuidad material entre lo cotidiano y los sistemas que lo sostienen.
En la misma línea, Atravesar la niebla pone de manifiesto la interdependencia entre lo industrial y lo material, mostrando cómo la industria reproduce y modula procesos ya presentes en la naturaleza. Así, tanto los sistemas naturales como los industriales aparecen como dispositivos capaces de producir entornos concretos, ya sea para sostener la vida o para generar energía. A través de este conjunto, Domínguez propone una reflexión sobre el aire como un espacio en disputa, cuya configuración responde a dinámicas históricas, económicas y ecológicas que sostienen y transforman la vida.
Texto publicado en el catálogo de la I Bienal Climática. Ensayar lo inesperado
12.06.2026 - 20.09.2026
Avilés (Asturias)
Una bolsa de plástico atrapada en las ramas de un árbol, suspendida como un paracaídas. De esta imagen aparentemente trivial parte gran parte del trabajo de Natalia Domínguez (Jerez de la Frontera, 1990): la pregunta por el aire como materia, como espacio político, como medio que nos envuelve y sin embargo escapa sistemáticamente a la percepción. Articulada a través de la escultura, la instalación y la performance, construye dispositivos para hacer sensible aquello que, aun sosteniendo la vida urbana, permanece fuera del campo inmediato de atención.
Formada en Bellas Artes por la Universidad de Granada, con estudios en Fontys Hogeschool voor de Kunsten (Tilburg, Países Bajos) y un Máster en Investigación y Producción Artística por la Universidad Politécnica de Valencia, Domínguez inicia su trayectoria desde un interés por la ciudad entendida no solo como espacio físico, sino como entramado de relaciones entre arquitectura, urbanismo e infraestructuras invisibles. Su mirada se orienta hacia la manera en que los cuerpos habitan y son atravesados por estos sistemas, prestando atención a aquello que escapa a una percepción directa.
A partir de la observación urbana y la imagen de la bolsa, la artista inicia una indagación de largo recorrido en torno a las "políticas del aire", articulada a través de la metáfora del salto, la caída y el instante previo en el que el aliento se contiene. El aire que investiga Domínguez no es un elemento neutro: es un medio atravesado por relaciones de poder, condiciones ambientales y desigualdades sociales. La respiración aparece así como un espacio de intercambio constante entre el cuerpo y la atmósfera, pero también como indicador de las condiciones que hacen posible o limitan la vida. Desde entonces, su práctica ha evolucionado hacia una mayor integración de lo performativo con lo escultórico, desarrollando instalaciones en las que el gesto, especialmente el vinculado a la respiración, la suspensión o la pérdida de equilibrio, funciona como dispositivo que conecta dimensiones físicas y simbólicas.
Para la Bienal Climática y en el marco de las residencias ACTS en colaboración con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), Natalia Domínguez presenta Atravesar la niebla (I, II) (2026), una investigación escultórica en torno al vapor de agua y sus distintos usos a lo largo de la historia. El proyecto parte de la investigación que la artista llevó a cabo en el Centro de Investigación Atmosférico de Izaña de la AEMET, en Tenerife, y se articula a partir de una doble genealogía. Por un lado, recupera el mito del Garoé, un árbol situado en la isla de El Hierro capaz de captar la humedad de las nubes y transformarla en agua, en relación con tecnologías como los "atrapanubes", desarrolladas en contextos de alta humedad y escasez hídrica. Por otro, remite a infraestructuras industriales para la canalización del vapor de agua. De algún modo, la obra refiere también a la invención de la máquina de vapor como uno de los hitos fundamentales de la revolución industrial, momento en el que la generación controlada de vapor se consolida como una innovación clave que impulsa un modelo de producción basado en el extractivismo y la transformación masiva de materia en bienes cuantificables.
Formalmente, la instalación articula tres elementos principales: lo industrial, lo orgánico y lo corporal. Las estructuras tubulares de hierro y acero, de gran escala, remiten a chimeneas y sistemas de canalización de vapor, haciendo visibles los flujos y emisiones que atraviesan la atmósfera. En contraste, una serie de formas cerámicas inspiradas en la vegetación de la laurisilva canaria introducen una dimensión orgánica que oscila entre lo vegetal y lo animal. La pieza se activa además en relación con el cuerpo, incorporando dimensiones performativas y atmosféricas como el aliento o la humedad ambiental. La laurisilva canaria, un ecosistema que genera condiciones específicas de humedad para sostener formas de vida particulares, aparece en la obra como contrapunto de los sistemas industriales: tanto los procesos naturales de condensación como sus equivalentes técnicos producen entornos, modifican atmósferas, condicionan lo que puede vivir y lo que no. Este diálogo material —entre hierro y cerámica, entre chimenea y vegetación— no plantea una equivalencia, sino una pregunta: ¿qué narrativas sobre la relación entre tecnología, medioambiente y sociedad han quedado sin formular? Atravesar la niebla abre ese espacio.
Un antecedente directo de esta línea de investigación es Cómo se condensa el vapor de agua (2024), donde la artista trabaja desde la voz y la imaginación colectiva para explorar los procesos industriales de transformación del agua. El proyecto parte de una serie de conversaciones en los que invitaba a distintas personas a imaginar cómo sonaría el trasvase de agua dentro de un complejo de una central hidráulica de ENDESA, generando una traducción sonora que desplazaba lo técnico hacia lo perceptivo y corporal. “Encender una luz es conectarme con las sales vaporizadas del Mediterráneo”, señalaba la artista, remitiendo así a la continuidad material entre lo cotidiano y los sistemas que lo sostienen.
En la misma línea, Atravesar la niebla pone de manifiesto la interdependencia entre lo industrial y lo material, mostrando cómo la industria reproduce y modula procesos ya presentes en la naturaleza. Así, tanto los sistemas naturales como los industriales aparecen como dispositivos capaces de producir entornos concretos, ya sea para sostener la vida o para generar energía. A través de este conjunto, Domínguez propone una reflexión sobre el aire como un espacio en disputa, cuya configuración responde a dinámicas históricas, económicas y ecológicas que sostienen y transforman la vida.